Hillary Clinton domina la escena en un debate que da crédito a Sanders y a O'Malley
Clinton, que apareció en el escenario del centro de
convenciones del hotel Wynn, de Las Vegas (Nevada), con sonrisa confiada y
relajada, no perdió esa tranquilidad durante las más de dos horas de charla y
se ganó a los espectadores con un discurso sólido y firme que dejó, al mismo
tiempo, un par de gestos repletos de cercanía.
Primero fue el estrechamiento de manos con Sanders después de
que éste pidiera menos atención mediática para los problemas de Clinton con su
correo electrónico ("¡El pueblo americano está harto de oír hablar de tus
malditos correos electrónicos!, exclamó el aspirante demócrata), por los que
comparecerá en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 22 de octubre.
Poco después, su espontánea negativa a debatir con el
aspirante Lincoln Chafee sobre esa polémica ("¿Quiere responder?",
preguntó el moderador, Anderson Cooper. "No", fue la respuesta
cortante de Clinton, que provocó un enorme aplauso del público).
Tras la entonación del himno estadounidense a cargo de Sheryl
Crow, la ex secretaria de Estado arrancó el debate prometiendo luchar por
reducir la desigualdad en su país, así como para subir el salario mínimo y que
sea equitativo entre hombres y mujeres.
También expresó su deseo de otorgar a las familias bajas por
paternidad, cuya concesión aún depende de las propias empresas y pidió un nuevo
acuerdo con las comunidades negras de Estados Unidos para acabar con las
tensiones raciales y el sistema carcelario, donde ingresan en mayor proporción
negros y latinos.
El discurso encendido de Sanders, paladín del
"socialismo demócrata", apostó por una "revolución
política" y no dudó en asegurar que el Congreso estadounidense no es el
que regula a las corporaciones de Wall Street, "sino que es Wall Street quien
controla el Congreso".
El senador subrayó que las grandes corporaciones controlan la
política del país pese a las medidas del Gobierno del presidente Barack Obama
para regular el sistema financiero tras la crisis de 2008.
"Fue un error pedir a la clase media que pagara la deuda
de Wall Street", añadió el senador, fuerte valedor de fortalecer las leyes
para aumentar el control en el sistema bancario estadounidense.
"En una economía como la nuestra está mal que el 57 por
ciento de los nuevos ingresos vayan a parar al 1 por ciento de la
población", agregó, en alusión a los bolsillos más pudientes, a los que
criticó también por sufragar las campañas electorales de los aspirantes a la
Casa Blanca.
Asimismo, Sanders defendió al exempleado de la CIA y de la
Agencia de la Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden por "educar" a
los jóvenes estadounidenses en sus derechos.
"Incumplió la ley, pero lo que hizo por educarnos debe
de ser tomado en consideración", destacó Sanders, quien prometió que, de
ser presidente, acabaría con los programas de espionaje masivo que la NSA puso
en marcha a raíz de los atentados del 11-S.
En materia de inmigración, fue el exgobernador de Maryland
Martin O'Malley quien hizo las propuestas más progresistas.
"Necesitamos entender que nuestro país está hecho de la
llegada de nuevos americanos, somos una nación de inmigrantes", apuntó
O'Malley, quien avanzó que ampliaría el alcance de las acciones ejecutivas de
Obama, que benefician actualmente a 5 de los 11 millones de indocumentados que
viven en el país.
Como gobernador, O'Malley impulsó una versión del "Dream
Act" (ley que regulariza la situación de jóvenes inmigrantes
indocumentados) para que los estudiantes en situación irregular del estado
pagasen el mismo precio por las matrículas universitarias que el resto de la
población estudiantil.
Por otro lado, Clinton, Sanders y O'Malley cargaron duramente
contra el poderoso grupo de presión armamentístico Asociación Nacional del
Rifle (NRA).
"Es hora de que todo el país se posicione en contra de
la NRA", destacó Clinton. Los tres aspirantes coincidieron en resaltar la
importancia de implantar un exhaustivo sistema de revisión de antecedentes para
controlar en manos de quién acaban rifles y pistolas.
En política exterior, Clinton consideró que la Casa Blanca
debe "dejar claro" al presidente ruso, Vladímir Putin, que no puede
estar en Siria para crear "más caos", y se desmarcó del resto de
aspirantes al apostar por la creación de "zonas de exclusión aérea"
en el país árabe.
El debate lo completaron Jim Webb, que sacó constantemente a
relucir su pasado militar, y Lincoln Chafee, que apenas dispuso de tiempo para
intervenir y se mostró dubitativo e inseguro en sus respuestas.
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