lunes, 23 de mayo de 2011

El G8 se plantea estandarizar las normas de seguridad nuclear tras Fukushima

París, (EFE).- La creciente demanda de normas de seguridad estandarizadas a escala internacional en las centrales nucleares tras la catástrofe de Fukushima se ha incluido entre los asuntos de discusión del G8, así como el futuro de este sector energético para el que los países miembros mantienen políticas muy divergentes. La presidencia francesa del Grupo de los Ocho países más industrializados (G8) ha previsto una primera sesión de trabajo en la cumbre de Deauville (Francia) el próximo jueves sobre estas cuestiones, consciente de que Fukushima va a modificar las condiciones para la energía nuclear civil y de que la opinión pública espera respuestas a sus inquietudes sobre la seguridad. Francia es el país más nuclearizado del mundo en términos relativos -sus 58 reactores generan en torno al 75 % de la electricidad- y ha hecho una apuesta por esta tecnología con grandes empresas -sobre todo las estatales Areva y EDF- volcadas en la exportación de servicios en todo el ciclo de las centrales. Por eso el Elíseo insiste en el mensaje de que pese a lo ocurrido en Japón el nivel de las normas de seguridad de las centrales nucleares es “elevado” y que si no hay un estándar internacional es por diversas razones, entre otras que hay varios modelos de centrales que utilizan tecnologías diferentes. La mejor forma de evitar que Fukushima suponga un colapso de la construcción de nuevas centrales nucleares como lo supuso durante años el accidente de Chernóbil (Ucrania) en 1986 es coger el toro por los cuernos y mostrar que no se escatiman esfuerzos, también al más alto nivel político, para la seguridad. Las enseñanzas de lo ocurrido en la central japonesa como consecuencia del tsunami de marzo serán objeto de una reunión ministerial organizada por el G20 (Grupo de países insustrializados y emergentes) y el G8 -presididos este año por Francia- junto a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) los próximos 7 y 8 de junio en París. En esa reunión, preparatoria de otra de cuatro días del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a finales de junio en Viena, se estudiarán posibles mejoras de las centrales ante riesgos de seísmos y tsunami, pero en principio no otras amenazas potenciales, como pudieran ser ataques terroristas, ni tampoco la cobertura financiera para cubrir los daños de grandes catástrofes. También podría ser la ocasión para entrar en el debate de una revisión de la escala de accidentes nucleares para que -como quiere la agencia nuclear de la OCDE- no se repita la “contradicción” de que las catástrofes de Fukushima y Chernóbil tengan la misma calificación (nivel 8, el máximo). Pero más allá de la cuestión de la seguridad, la presidencia francesa del G8 quiere que los líderes de estos países, pese a sus divergentes estrategias al respecto, hablen del futuro de la energía nuclear. Para orientar ese debate, Francia ha encadenado la sesión en Deauville sobre política nuclear con otra sobre el cambio climático, ya que entre los argumentos franceses en favor de la energía atómica uno de los más importantes es que constituye uno de los principales medios para limitar las emisiones causantes del calentamiento global. Así, en esta segunda parte se pretende que los países que han anunciado que van a cerrar sus centrales nucleares y prescindir de esta energía -en alusión a Alemania, dentro del G8- expliquen cómo pretenden respetar sin ellas los compromisos en términos de emisiones de dióxido de carbono en las próximas décadas. En las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, las posiciones en el seno del G8, como quedó patente en la cumbre de Copenhague de diciembre de 2009, son muy diferentes básicamente entre los europeos -favorables a fijar objetivos internacionales vinculantes- y Estados Unidos -que entonces se alió con China, India y Brasil-. De modo que en Deauville sólo caben esperarse declaraciones sin más compromisos de cara a la próxima Cumbre del Clima en Durban (Sudáfrica) a finales de año. EFE

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