sábado, 28 de mayo de 2011

Dominicana recordará a las 50.000 víctimas de la dictadura

SANTO DOMINGO (AP) — La foto antigua del rostro de un haitiano horrorizado, quizás poco antes de morir, ocupa el lugar central de una sala en el nuevo museo que honrará a las más de 50.000 personas que, según un registro inédito, fueron víctimas del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. “El genocidio haitiano fue el crimen de lesa humanidad más grande de la tiranía de Trujillo”, dijo a la AP Luisa De Peña, directora del Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, que será inaugurado el domingo y abrirá sus puertas al público el martes. La apertura del museo forma parte de los actos para conmemorar el 30 de mayo el aniversario número 50 de la muerte de Trujillo y el final de su dictadura que dominó de forma sangrienta y autoritaria de 1930 a 1961. En su afán por “dominicanizar” la frontera con Haití, Trujillo ordenó en 1937 el asesinato de inmigrantes haitianos. “Mataron a más de 17.000 ciudadanos haitianos sólo por su raza... este hecho retrata la tiranía de Trujillo, retrata hasta donde él era capaz de llegar”, dijo De Peña. Pero el cineasta René Fortunato recordó en una conversación con la AP que “la matanza sólo fue un capítulo en los 31 años de tiranía”. Fortunato ha realizado tres documentales sobre los diferentes periodos de la dictadura y otros dos sobre la influencia de Trujillo en el siete veces presidente Joaquín Balaguer. Señaló que “la dictadura de Trujillo es un tema inagotable” porque “son 30 años de historia dominicana y muchos de los estudios que se han hecho generalmente corresponden a los últimos tres años, que realmente fueron los más sangrientos”. El museo rendirá homenaje a todos los grupos que hicieron resistencia no sólo a Trujillo, sino que se opusieron a los procesos que llevaron a la instauración de la dictadura, como la invasión estadounidense de 1916 a 1924, y los sucesos posteriores a la tiranía, como los 12 años de gobierno autoritario de Balaguer (1966-1978). Ubicado en una casona colonial restaurada en Santo Domingo, forma parte de la Coalición Internacional de Museos de Sitios Históricos de Conciencia y fue construido por iniciativa de cinco fundaciones privadas que contaron con el auspicio del gobierno dominicano, con una inversión equivalente a unos 2,7 millones de dólares. Entre sus 168.000 documentos, muchos de los cuales permanecieron en la clandestinidad durante décadas, el museo contará con la recreación de la cámara de tortura de la cárcel La 40, a donde Trujillo enviaba a sus opositores, audios de algunas torturas y el registro inédito de 50.000 víctimas de la dictadura. El registro de víctimas comenzó a elaborarse hace seis años a partir de documentos oficiales de la Procuraduría General, del Archivo General de la Nación, del Archivo Histórico de Santiago y entrevistas y testimonios particulares, narró la museóloga. Aseguró que cada registro de una víctima fue verificado por un grupo de historiadores que confirmaron la existencia de la persona con base en documentos oficiales, así como su desaparición o deceso. Había organizaciones comunitarias y opositores al régimen que de forma clandestina llevaban el registro de desaparecidos durante la dictadura. Lo documentos también fueron analizados y verificados por los historiadores del museo, informó De Peña. El registro incluye a las miles de personas que murieron en los campos de trabajo forzado en las plantaciones de sisal (henequén), en la provincia de Azua, y de arroz, en Nagua, así como en las áreas de concentración de presos políticos en Nigua y la desértica isla Beata, en el extremo occidental del país. “Algunos de esos campos sólo se conocieron gracias a los sobrevivientes”, explicó De Peña. A los campos de exterminio de Azua y Nagua llevaban a quienes cometieran el delito de “vagancia”, que incluía a aquellos que no tenían documentos mientras transitaban por la calle, narra a su vez Fortunato, quien no tiene vinculación alguna con el museo. “Tenemos los casos de los trabajadores de la construcción que eran asesinados por Petán (José Arismendy Trujillo, hermano del dictador), quien para no pagarles al final del trabajo, los mataba”, agregó. También está el registro de personas que eran asesinadas para obligar a sus familias o empleadores a entregar sus tierras a Trujillo, así como salas para honrar a los grupos que lucharon contra el régimen y a los miembros del complot que acabó con la vida del dictador la noche del 30 de mayo de 1961. “La sociedad dominicana tiene que asumir los crímenes ocurridos y hacerlos parte de su conciencia pública y de esa manera avanzar hacia adelante”, consideró De Peña.

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