¿Cómo han evolucionado las protestas en Chile?
Santiago de Chile.-
Hace 33 días se desató en Chile un estallido social, el peor en su historia
reciente, que derivó en protestas multitudinarias. La mayoría de los manifestantes
son pacíficos, pero también hay enmascarados que protestan con violencia y poco
a poco han aumentado hasta transformarse en un virtual ejército de vándalos que
destroza todo a su paso.
Los saqueos y
daños incluso afectaron a un par de iglesias católicas en la capital chilena y
a la catedral metropolitana. Como muchos comercios, bancos, edificios
institucionales, de consultas médicas y de tiendas por departamento, han
blindado sus puertas y ventanales con madera y metal.
Los desmanes no
han frenado las protestas que se suceden casi a diario ni los anuncios del
presidente centroderechista Sebastián Piñera, que ha ofrecido leves mejoras
sociales y un histórico acuerdo de todos los partidos políticos --excepto los
comunistas-- para convocar en abril próximo a un plebiscito que preguntará a
los chilenos si quieren una nueva Constitución y quiénes tendrían que
escribirla.
Aquí un vistazo a
lo que ocurre en el país sudamericano.
¿QUIÉNES PARTICIPAN
EN LAS PROTESTAS?
En la primera
semana de marchas pacíficas participaron centenares de miles, hasta reunirse
1,2 millones de personas sólo en una céntrica plaza de Santiago, punto de
reunión diario en la capital. Los manifestantes son de todas las edades. Hay
estudiantes, profesionales, padres con sus hijos, ancianos --la mayoría
jubilados-- obreros y empleados.
Los manifestantes
llevan pancartas de todo tipo con sus demandas. Además portan banderas
nacionales, negras y mapuches, la mayor etnia originaria que habitaba Chile y
que resistió 300 años a los conquistadores españoles.
Las protestas
pacíficas no son tan multitudinarias como en las primeras semanas. Se han
reducido y los enmascarados violentos que las empeñan han aumentado
numéricamente. A pesar de los encapuchados que queman, saquean y se enfrentan a
la policía, la mayoría de los manifestantes siguen en su actitud festiva:
saltan, cantan y suenan pitos.
Hasta el momento
no hay un líder evidente detrás del movimiento.
¿CÓMO HAN
EVOLUCIONADO LAS PROTESTAS Y EL VANDALISMO EL ÚLTIMO MES?
En los inicios del
estallido social, el 18 de octubre, centenares de enmascarados dañaron la
mayoría de las estaciones del subterráneo y saquearon centenares de
supermercados y farmacias. Luego prevalecieron las multitudinarias protestas
hasta que hace un par de semanas los encapuchados empezaron a exhibir diversos
grados de organización: los que se enfrentan en la primera línea con la policía
portan escudos metálicos hechos de grandes contenedores pintados de color anaranjado
y usan cascos del mismo color.
Además, muchos
llevan herramientas --como picotas-- para romper veredas y pastelones de
cemento para prodigarse rocas que lanzan a los efectivos policiales. Estatuas
de héroes chilenos no se escapan de los destrozos y rayados, que se ven en las
paredes de comercios, casas, iglesias y en múltiples edificios institucionales.
También utilizan bombas molotov para destruir comercios y un par de hoteles.
A comienzos de mes
los enmascarados se desplazaron desde el centro hasta una acomodada barriada
donde se levanta el edificio más alto de la región, que tiene decenas de
restaurantes, tiendas, oficinas que no pudieron dañar por la represión policial
y por las protecciones en sus murallas y ventanales. Al día siguiente coparon
las principales arterias de una barriada de clase media acomodada donde los
saqueos, incendios y destrozos se prolongaron por horas.
Después de los
grandes supermercados, que los primeros 15 días del estallido sufrieron
pérdidas por 1.400 millones de dólares, el foco se centró en pequeños
comercios, tiendas de artículos eléctricos y de departamentos, muchas saqueadas
e incendiadas más de una vez.
El vandalismo se
extiende por todo el país, como en el vecino puerto de Valparaíso, que tiene a
la mayor parte de su comercio destrozado. Otras urbes sufrieron el incendio de
edificios institucionales como gobernaciones y alcaldías, y algunos edificios
de apartamentos.
Los comerciantes
en todo el país cierran sus puertas entre tres, cuatro y cinco horas antes del
que era su horario de atención normal.
Las protecciones
metálicas y de madera forman parte del paisaje urbano de la capital chilena y
de ciudades al norte y sur del país.
Por otro lado, hay
una falta de semáforos en importantes intersecciones de las ciudades, que a
diario viven enormes congestiones que la mayoría de las veces hasta triplican
el tiempo de traslado.
El ministro de
Hacienda, Ignacio Briones, anticipó que unas 300.000 personas quedarán sin
trabajo porque laboraban en las tiendas dañadas. Dirigentes de pequeños
comerciantes aseguran que ya unas 50.000 personas perdieron sus empleos.
¿QUÉ HAN OBTENIDO
HASTA AHORA LOS MANIFESTANTES?
A cuatro de días
del estallido, Piñera anunció un paquete de medidas que incluyen un aumento del
20% a las pensiones de los más pobres, que promedian 147 dólares mensuales; un
incremento de 16% en el ingreso mínimo de 400 dólares, la anulación de un
incremento de 9,2% en la electricidad, anuncios de proyectos para rebajar
sueldos y asignaciones de diputados y senadores, que oscilan entre los 27.000 y
44.000 dólares mensuales, y un incremento en el impuesto a los que ganan más de
11.000 dólares, así como rebajas en medicamentos.
Todos son
proyectos que se debaten en el Congreso.
Hace una semana
agregó una rebaja tarifaria en el transporte público para los adultos mayores
más pobres y una rebaja a miles de universitarios endeudados con la banca
privada para pagar sus estudios.
Por otra parte,
los manifestantes sienten que ganaron al obtener el proceso constituyente ya
mencionado, aunque exigen que la nueva carta magna sea escrita por ciudadanos
seleccionados, y no por políticos y personas electas con ese fin.
¿QUÉ SIGUEN
PIDIENDO LOS MANIFESTANTES?
Un alza en las
jubilaciones del 60% de los más pobres que supere el límite de la pobreza, que
en Chile es de 217 dólares y el gobierno ha prometido estudiar para que sea
gradual.
También se pide el
fin de la existencia de una salud y educación para pobres y otra para ricos,
así como el fin del sistema de administración privada de jubilaciones que
otorgan ingresos escuálidos a los jubilados.
Además exigen más
viviendas sociales y un ingreso mínimo superior al ofrecido. AP
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