El deshielo EEUU-Cuba avanza, a pesar de las dificultades
El presidente Barack Obama pidió al Congreso estudiar el
levantamiento del embargo impuesto a la isla en 1962 y su gobierno ha
oficializado la salida de Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo.
El abril Obama y Raúl Castro se reunieron en la Cumbre de las Américas en
Panamá, la primera cita entre los presidentes de ambos países en más de medio
siglo, y ahora están en vías de restablecer las relaciones diplomáticas
suspendidas hace 54 años.
“En relación con lo que existía el balance es sin duda
positivo. Lo más importante es la decisión política de restablecer relaciones”,
afirma el académico y exdiplomático cubano Jesús Arboleya.
También menciona un factor favorable y determinante: la
aparición en Estados Unidos de “grupos de presión a favor de impulsar el
proceso” que, según él, “crean un balance antes no existente en la política
norteamericana hacia Cuba”. Desde el histórico anuncio de diciembre varios
sondeos han mostrado que una mayoría de estadounidenses apoya el cambio de
política hacia Cuba, lo que refleja un nuevo equilibrio de fuerzas en la
opinión pública.
¿Embajadas pronto?
Inicialmente programado por Washington para abril, el restablecimiento
de relaciones diplomáticas no ha sido anunciado todavía, a pesar de cuatro
reuniones entre altos responsables de ambos países desde enero. Según diversas
fuentes en Washington y La Habana, se trata de una cuestión de semanas, pero
una vez que las partes se pongan de acuerdo, deben arreglarse algunos
procedimientos en ambas orillas del Estrecho de Florida antes de abrir las
embajadas.
Primero, las partes deben informar a Suiza que no desean más
su protección diplomática para las secciones de intereses creadas en 1977 en
ambos países. Luego, la Casa Blanca debe notificar al Congreso del cambio de
estatuto de su legación. Este último tiene 15 días para estudiarlo, pero no
puede oponerse, según un alto responsable del Departamento de Estado, quien
indicó que las decisiones diplomáticas dependen del ejecutivo.
“Desafíos inmensos”.
Una vez reabiertas las embajadas, Washington y La Habana podrán
finalmente lanzarse al vasto campo de la normalización, que se anuncia espinoso
en virtud de la complejidad y cantidad de los puntos de desacuerdo acumulados
por los viejos enemigos de la Guerra Fría.
“Partiendo de un enfoque ‘maximalista’, el gobierno cubano
exige el levantamiento de todas las sanciones económicas, la devolución de la
base naval de Guantánamo, la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano (que
favorece a los migrantes cubanos en Estados Unidos) y el cierre de las
estaciones de radio y televisión Martí”, que transmiten hacia la isla, dice el
académico Jorge Duany, de la Universidad Internacional de Florida (EEUU).
“Mientras tanto, el gobierno estadounidense ha adoptado una
postura ‘minimalista’, buscando ‘empoderar’ a la sociedad civil independiente
en Cuba, estimular el crecimiento del sector de trabajadores por cuenta propia
y fomentar mayor tolerancia hacia la disidencia y respeto a los derechos
humanos”, añade el académico, quien advierte que persisten “demandas mutuas y
difíciles de reconciliar”. “Los desafíos son inmensos. En toda su historia Cuba
nunca ha tenido una relación normal con Estados Unidos y dudo que llegue a
tenerla en el futuro predecible”, dice Arboleya.
En el tema del embargo, asunto crucial en las relaciones
cubano-estadounidenses, el presidente demócrata mostró su buena voluntad al
pedírselo al Congreso, pero el término de las discusiones en curso es incierto
y el procedimiento legislativo se anuncia largo.
Duany destaca que “también queda pendiente hasta qué punto la
administración de Obama podrá implantar las nuevas medidas en el próximo año y
medio”, con el Congreso dominado por los republicanos y con el aumento de la
temperatura de la campaña presidencial, en la que los candidatos no van a
escatimar medios.
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