En juramentación de nueva dirección del PRM, Abinader llama a fortalecer la unidad, la institucionalidad y el dialogo

 

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) juramentó el pasado domingo  sus nuevas autoridades para el período 2026-2030, en un acto que marcó el inicio formal de una nueva etapa interna para la organización oficialista. La actividad, celebrada en Santo Domingo, reunió a dirigentes nacionales, miembros de la estructura partidaria y figuras clave del gobierno, en una ceremonia en la que el Jefe del Estado, Luis Abinader, asumió la presidencia del partido oficialista.

El evento tuvo una doble dimensión: por un lado, formalizó el relevo interno tras la escogencia de las nuevas autoridades en la convención partidaria; por otro, funcionó como una plataforma para que Abinader presentara la visión política que guiará al PRM en los próximos años. 

En su intervención, el mandatario combinó referencias al origen del partido, balance de gestión, llamados a la disciplina interna y una definición clara sobre la relación entre el partido y el Estado.

Una nueva etapa para el oficialismo

La juramentación representó más que un acto protocolar. Para el PRM, significó la instalación de un nuevo equipo dirigente en momentos en que la organización busca preservar su cohesión interna y proyectar continuidad política de cara al futuro. La nueva directiva quedó encabezada por Luis Abinader como presidente del partido, acompañado por Juan Garrigó Mejía en la secretaría general y un grupo de vicepresidencias y subsecretarías que completan la estructura de dirección.

Entre los nombres juramentados figuran Deligne Ascención, Milagros Ortiz Bosch, Eddy Olivares, Nelson Arroyo, Salvador Ramos, Kelvin Cruz, Lía Díaz Santana, Jean Luis Rodríguez, Rosa María Santos y Gloria Reyes, entre otros dirigentes integrados a posiciones clave dentro de la organización. 

La ceremonia formalizó así una dirección con presencia de figuras de experiencia política, cuadros técnicos y liderazgos vinculados al gobierno y al trabajo partidario.

El mensaje central de Abinader 

El punto más importante del acto fue el discurso de Luis Abinader. Lejos de limitarse a un saludo institucional, el presidente del país y ahora también del PRM utilizó la tribuna para marcar una hoja de ruta política. Su mensaje giró en torno a una idea central: el partido debe mantener como prioridad al país, por encima de intereses particulares o aspiraciones individuales.

Abinader recordó el origen del PRM como una fuerza nacida del reclamo ciudadano por una política más ética, más cercana a la gente y menos atada a viejas prácticas. A partir de esa memoria política, llamó a preservar la identidad de la organización como un partido de servicio, con vocación democrática y capacidad para escuchar a la sociedad.

También insistió en que la moderación no debe confundirse con debilidad. Según su planteamiento, el PRM debe actuar con firmeza, pero sin extremismos; con apertura al diálogo, pero sin perder principios; y con disciplina interna, pero sin cerrar espacios a la diversidad de ideas.

Partido y Estado  una separación necesaria 

Uno de los apartados más relevantes del discurso fue el que abordó la relación entre el partido y el Gobierno. Abinader fue enfático al señalar que el PRM debe apoyar la gestión pública, pero sin pretender apropiarse del Estado. Esa distinción es importante porque coloca un límite político e institucional en una etapa en la que el partido oficial conserva influencia amplia sobre la administración pública.

El mensaje busca proyectar una imagen de institucionalidad y respeto a las reglas democráticas. En ese sentido, Abinader afirmó que el Estado pertenece a todos los dominicanos y no puede convertirse en patrimonio de una organización política. Para el liderazgo del PRM, esa postura intenta transmitir orden, equilibrio y una noción de poder ejercido con límites.

Unidad, formación y renovación 

El presidente del PRM también presentó cuatro prioridades para la nueva etapa partidaria: unidad, democracia interna, formación política y apertura social. Estas líneas apuntan a evitar fracturas, fortalecer la militancia y preparar al partido para futuros retos electorales y organizativos.

En el plano interno, el llamado a la unidad fue uno de los más repetidos. Abinader pidió evitar la imposición y promover un ambiente de competencia regulada, sobre todo frente a las aspiraciones que comienzan a perfilarse dentro del oficialismo. Su advertencia fue clara: el partido debe mantenerse unido, pero esa unidad no puede construirse sobre la exclusión ni sobre ventajas indebidas.

La formación política fue otro de los temas destacados. El mandatario señaló la necesidad de renovar y capacitar permanentemente a la dirigencia y a la militancia, con el objetivo de consolidar una organización más sólida, moderna y cercana a la ciudadanía.

Balance de gestión y retos pendientes 

Aunque el acto fue partidario, Abinader aprovechó para hacer un balance de los últimos años de gobierno. Mencionó avances en materia institucional, transparencia, obras públicas y algunas mejoras sociales, pero también reconoció que persisten desafíos importantes. Entre ellos, citó el costo de la vida, la seguridad, los salarios y las oportunidades para la juventud.

Ese equilibrio entre logros y retos dio al discurso un tono menos triunfalista y más reflexivo. En lugar de presentar una imagen de cumplimiento total, el mandatario optó por proyectar continuidad, responsabilidad y conciencia de los asuntos pendientes. Eso le permitió conectar el acto partidario con la realidad nacional y con las expectativas de la población.

Lectura política del acto 

La juramentación de las nuevas autoridades del PRM puede leerse como un movimiento estratégico en varios planos. Primero, consolida formalmente el liderazgo de Abinader dentro del partido. Segundo, ordena la estructura interna en torno a figuras de confianza. Y tercero, envía una señal hacia el sistema político sobre el rumbo que pretende seguir el oficialismo: institucionalidad, moderación y control del proceso interno.

También deja claro que la próxima etapa del PRM estará marcada por la administración de expectativas. Con aspiraciones políticas a la vista, la dirigencia tendrá que equilibrar las ambiciones individuales con la necesidad de preservar cohesión. En ese terreno, el discurso presidencial funcionó como una advertencia y como una guía.

Un acto con peso simbólico 

Más allá de la juramentación en sí, la actividad tuvo una carga simbólica importante. El hecho de que el presidente de la República asuma también la presidencia del partido refuerza la centralidad del PRM en la vida política nacional. Al mismo tiempo, el mensaje pronunciado en el acto buscó proyectar un liderazgo que no solo administra el poder, sino que intenta ordenar el futuro interno de su propia organización.

En esa combinación de ceremonia, discurso y proyección política, el PRM dejó instalada una narrativa clara: continuidad con renovación, poder con límites e institucionalidad con vocación de permanencia.

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